lunes, 22 de septiembre de 2008

La Nueva España - Diario Independiente de Asturias - Sociedad y Cultura - García Rodríguez: «Ángel González no fue un poeta claro sino clarificador»

Otra buena: la Retórica como parte de la Estilística. El problema de esta noticia es que el emisor identifica la Retórica con la parte de la elocutio que se encarga de la elegancia en el discurso. Tomar la parte por el todo es, en este aspecto, lo que consiguió apartar a la Retórica del sistema educativo y del devenir cotidiano. Para que se vea que no exagero, un ejemplo que leo en La Nueva España - Diario Independiente de Asturias

Gijón, J. C. GEA
Suscitar una visión diferente de Ángel González desde lo que denominó «una lectura de suspicacias» fue el objetivo que se planteó ayer el profesor de la Universidad de Valladolid Javier García Rodríguez durante su doble sesión en «Penúltima nostalgia», el seminario de la Universidad de Oviedo que estos días desmenuza la obra del autor ovetense en Gijón. El también poeta y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA encaró algunas de las concepciones más asentadas -fundamentalmente, la de un poeta de la claridad y del yo testimonial- para invitar a los alumnos a buscar la «media distancia entre distintas interpretaciones» en pos de un Ángel González visto al sesgo de conceptos de la teoría literaria contemporánea que en principio parecen quedarle lejos.

Así, apostándose tras citas de autores como Borges, Updike, Said, Barth o Bellow, y por descontado a partir de los poemas de González, García Rodríguez rastreó en sus textos rasgos como la «muerte del sujeto», la intertextualidad o el interés en la retórica y los juegos de lenguaje, mediante los que el ovetense habría incorporado a su poesía las teorías con las que entró en contacto en la universidad estadounidense a partir de finales de la década de los setenta.

Desde esa «lectura de suspicacias», González quedó ayer perfilado como un poeta bastante más complejo de lo que establece el retrato canónico. Un poeta «no claro, sino clarificador»; un «maestro en la intertextualidad», mediante la que dialogó con Machado, los clásicos o sus compañeros de generación; un autor que «no escribe para fijar la experiencia en los versos, pretensión vana en una tradición que llega de Nietzsche hasta ahora», sino que practica, al contrario, una «desacralización del yo».

«El yo aparece tanto y con tantas máscaras distintas que acaba por diluirse», afirmó Javier García Rodríguez, para quien esta obra poética está construida sobre el terreno más pantanoso de los modernos debates sobre poesía: la ficción, mediante la cual «el sujeto se desdobla en el poema, se hace objeto».

También aludió Javier García Rodríguez al uso del humor en Ángel González, que considera «no como una manera de evadirse, sino como una forma de resistencia» y como un aprovechamiento de las posibilidades del lenguaje «para darle la vuelta al significado de las palabras» por parte de quien fue «el poeta más hábil para la métrica de su generación»: «Más que el humor, le interesan los juegos de lenguaje y la ironía en el sentido clásico, como una figura retórica que le permitió conseguir cierta claridad pero también cierta oscuridad».

No dejó de aludir, en este contexto, el estudioso a la «absurda guerra entre Ángel González y su paisano Antonio Gamoneda alentada por tanto hooligan crítico». «Simplemente, González se plantea servirse del lenguaje desde una asimilación perfecta de lo lingüístico, lo semántico, los juegos de palabras, mientras que Gamoneda busca la subversión del lenguaje, lo destroza poniendo en duda su capacidad misma para nombrar las cosas que se quieren nombrar».

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