lunes, 30 de enero de 2006

Cómo enfocar la presentación de una causa

Muchas veces, cometemos el error de querer decirlo todo, cuando lo más sensato es seguir la norma pragmática de la concisión: no digas más de lo necesario ni menos de lo imprescindible. Veamos unas cuantas recetas interesantes:

Receta de la opinión del auditorio
  1. Si el auditorio está a favor, o si no va a hablar nadie más, es mejor presentar sólo el aspecto de la cuestión que nos interesa.

  2. Si el auditorio no está a favor, o si va a haber más intervenciones, es mejor presentar todos los aspectos de la cuestión.

  3. Lo más seguro es que la última persona en hablar sea la que más convenza al auditorio. Pensemos en lo que ocurre cuando recorremos varios concesionarios de automóviles para comprarnos uno...

  4. No debe notársenos que intentamos manipular al auditorio: se percibe como un intento ilegítimo y perdemos credibilidad.


Receta de la comunicación con el auditorio
  1. Conviene tener asertividad: si queremos que el auditorio llegue a una conclusión determinada, lo mejor es indicarle cuál es; dejar las conclusiones en suspenso siempre es un riesgo de ser malinterpretados.

  2. ¿Es mejor un poquito de demagogia o un poquito de razonamiento? Siempre va a depender del tipo de auditorio que tengamos.

  3. Algo parecido ocurre cuando recurrimos al miedo como elemento de persuasión: si decidimos usarlo, tendrá efectividad en el caso de que se diga claramente qué debe hacerse o dejarse de hacer. En consecuencia, si sólo damos miedo, asustaremos, pero no convenceremos.


Como siempre, la Retórica es una cuestión de sentido común. Pero también podemos decir que el sentido común de la Retórica nos sirve para otros ámbitos de la vida.

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