Mostrando entradas con la etiqueta actio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta actio. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de noviembre de 2009

La postura ante el auditorio


Cuando hablamos ante un auditorio, es fundamental conservar en la mente que estamos para comunicarnos con los demás, no para contar lo que pensamos. La distinción puede parecer sutil, pero es útil.
La postura transmite ideas y apoya los argumentos, pero también puede facilitar o dificultar la transmisión física del lenguaje. Nuestros gestos, nuestra postura y nuestra voz son una importante carta de presentación. Debemos cuidar también estos elementos, que no son detalles, sino constituyentes necesarios de la comunicación.
No es igual estar sentado o de pie; tras una mesa o un atril; con el cuerpo al descubierto o parcialmente oculto.
En general, es buena cosa que nuestra columna vertebral esté derecha (no rígida) y la barbilla levantada (sin apuntar al cielo). De esta manera, el aire que sale de nuestros pulmones se proyecta con mayor fuerza, con lo que ganamos en potencia, y le confiere un tono menos grave a nuestra voz, con lo que evitamos dar una imagen errónea.
Los pies nos ayudan a encontrar la postura adecuada: deben estar levemente separados, más o menos en línea con las caderas, que es la posición en la que nuestro cuerpo se siente más cómodo y la que permite que nuestros brazos vuelen en apoyo de nuestras palabras sin dar la sensación de que perdemos el equilibrio.
Si estamos tras una mesa, también es buena cosa estar derecho y apoyarse en ella lo menos posible, de modo que los brazos no nos sirvan de puntal, sino de ayuda.
Aquí pongo una imagen que ejemplifica lo que, o no se debe hacer, o no es conveniente hacer constantemente.

lunes, 24 de agosto de 2009

La pirámide de las discusiones

He encontrado en el blog de un astrofísico teórico un pequeño artículo acerca de cuáles son los modos de argumentación más útiles (cuanto más arriba) y menos útiles (cuanto más abajo) en una discusión. El autor dice haber encontrado el diagrama, pero no identifica la procedencia, conque entiendo que puedo hacer uso de él salvo indicación en contra.

Hay gente que no llega a dominar correctamente la lengua inglesa, o que puede perderse los matices de interpretación de algunos términos, conque, por si las moscas, traduzco cada uno de los elementos para que se entiendan mejor:

  1. Refutación del punto central - Refuta explícitamente el punto central.
  2. Refutación - Encuentra el error y lo explica; usa citas.
  3. Contra-argumento - Contradice y apoya la contradicción con razonamientos o con pruebas.
  4. Contradicción - Afirma el caso contrario con poco o ningún apoyo de pruebas.
  5. Respuesta al tono - Critica el tono del texto sin atacar la sustancia de la argumentación.
  6. Ad hominem - Ataca las características o autoridad del autor sin dirigirse a la sustancia de la argumentación.
  7. Mote - Suena a algo así como: eres un tonto del culo.

La verdad sea dicha, esta pirámide tiene su interés aunque no se nos diga de dónde sale esta prelación de utilidad de los modos argumentativos. El propio autor da incluso unas pequeñas pautas de uso cuando escribe:

A veces, cuesta descifrar cuál es el punto central de la argumentación de otra persona porque muchos no discuten de manera clara y lógica. Pero, si logras identificarlo, es cuando ganas. Cuando el otro se atasca en la parte baja de la pirámide, no te hundas hasta su nivel; sigue arriba. Los dos niveles más altos son la única forma de llegar a cambiar alguna vez el punto de vista de alguien o de poner de tu parte a otras personas inteligentes.

Ahora, falta que alguien me cuente sus experiencias con esta pirámide y me diga hasta qué punto le sirve. O sea, si alguna vez ha tenido un rifirrafe que puede analizar con este gráfico, o si ha llegado a ganar o perder por no haber visto cómo contestar, o si cree que no tiene aplicación...

viernes, 20 de febrero de 2009

¿Qué te impide creer a un político? (II)

En una entrega anterior, veíamos que el político (pronúnciese al gusto del consumidor) se enfrenta siempre a un condicionante inicial: se nos ha enseñado a pensar que todo político miente, de donde que nunca sea fiable su palabra.

Me interesa mucho el mecanismo del pre-juicio, esa característica tan humana, tan propia de quien no tiene tiempo de pensar pero sí de hablar. Pongamos, pues, en marcha nuestra mente y llegaremos a una fácil conclusión: sí, es posible que una persona mienta todo el tiempo, a todo el mundo, acerca de cualquier tema, pero es prácticamente imposible que todo un colectivo pueda hacer tal cosa.

De todos modos, mi objetivo aquí no es repetir lo ya dicho, sino centrar mi atención en otro elemento diferente. Quiero ver cómo se dicen las cosas. A esto, los viejos maestros romanos le daban tanta importancia que lo convirtieron en una de las cinco operaciones retóricas y le confirieron el nombre de actio.

El problema es que muchos de los que tienen que dirigirse a sus conciudadanos en un mítin parecen creer que es lo mismo proyectar energía y dar impresión de enfado. El tono, ese tono, Dioses, qué entonación.

No se puede estar siempre regañando, ni siempre con esa forma de hablar que parece que anuncia el inminente Armagedón si no se cambia el número de concejales de un pueblo de doscientos treinta y ocho habitantes.

La entonación debe responder a una lógica, la del pensamiento. Lo que digamos debe salir como lo diríamos en un contexto normal, no con esa manera de dirigirse a la gente como si fueran rebaño. Porque, precisamente, ahí está el problema. El tono de mayoral dirigiendo al rebaño, junto con los vitoreos de la claque, hace que la persona que tiene una vida vea esas cosas y sienta que algo no funciona, que algo se le está escapando, que le ocultan algo importante.

El tono, la entonación, el modo de dirigirse al auditorio, hace que se produzca una disintonía entre quien habla, lo que dice y lo que entiende quien contempla eso desde fuera. Esa falta de sintonía lleva a pensar que falta algo para poder completar el mensaje y, justo en ese momento, la δόξα, la opinión común, actúa y dice: ¿Ves cómo es verdad que todos los políticos mienten?

A lo mejor (o a lo mojó), no es así. Pero lo parece. Y si lo parece, es así. Paradojas de la Retórica.